jueves, 5 de febrero de 2009

MI TIERRA TENERIFE ( EL PARAISO )





El término guanche con el que hoy se conoce a los aborígenes del Archipiélago canario pertenece en realidad a los pobladores de Tenerife, que en el momento de la conquista eran alrededor de 15.000. Tenían la Isla dividida en nueve demarcaciones, cada una con su jefe o mencey. Tenerife es la última isla canaria que se conquista para los Reyes Católicos. Encargada la empresa a Alonso Fernández de Lugo, la historia tiene dos capítulos.
La primera vez que las tropas llegan en 1494 sufren una derrota espectacular en La Matanza y se retiran. Un año después, Fernández de Lugo regresa con un nuevo ejército capaz, esta vez, de doblegar a los guanches.
La colonización se realiza merced a una sociedad abierta compuesta por castellanos, principalmente, pero también por portugueses e italianos, a los que el Adelantado reparte tierras.
La caña de azúcar fue el único cultivo implantado con intención exportadora que, a mediados del XVI, poco a poco iría cediendo espacio y peso al vino, al famoso malvasía, de forma que el comercio -dirigido hacia Europa, las colonias portuguesas y las Indias españolas- se convirtió en la pieza clave de la economía insular. Este esplendor, sin embargo, comienza a decaer en las últimas décadas del siglo XVII, y en la tercera decena del XVIII es ya irreversible.
La emigración a América se convierte así en una de las soluciones más utilizadas por la población tanto durante este periodo como en los venideros. Son tinerfeños los fundadores de Montevideo (Uruguay), San Antonio de Texas y San Bernardo (Luisiana, EEUU). Los comienzos del siglo ilustrado no son mejores para la Isla: se repiten las malas cosechas, los terremotos, se registran erupciones volcánicas y las invasiones piráticas como las de los ingleses Jennings y Nelson en 1706 y 1797 respectivamente.
La cultura dieciochesca representa una etapa de esplendor. Destacan figuras como Cristóbal del Hoyo, Tomás Iriarte o el polígrafo José de Viera y Clavijo y ven la luz las primeras publicaciones del Archipiélago.
Políticamente el centro de gravedad se va desplazando, junto con la vida mercantil, desde La Laguna al puerto de Santa Cruz, que se convierte en Ayuntamiento en 1803. Más adelante, en el sexenio 1817-1823, La Laguna pasa a ser sede de la diócesis nivariense y de la Universidad de San Fernando mientras que Santa Cruz de Tenerife se erige en centro del Archipiélago al fijarse allí la capitanía general y la capital de la recién creada provincia de Canarias.
El pleito insular con Gran Canaria surge entonces. Ese enfrentamiento por la designación de la capital canaria no acabaría hasta la promulgación del Estatuto de Autonomía de Canarias en 1982, que determinó la doble capitalidad. Ni siquiera la aprobación en 1927 de la división provincial puso fin a los piques entre una y otra isla.
A pesar de todo, el pleito revitalizó la vida política de Tenerife y, con ella, la cultural y sindical. Se modernizó social y económicamente gracias al modelo puertofranquista y a la influencia británica. También a finales del XIX se inició el cultivo del plátano, que se convirtió, de inmediato, en la principal producción agraria del Archipiélago.
El predominio británico en la Isla pone los cimientos de una temprana actividad turística. No en vano, el Cabildo constituye en 1921 la Junta Insular de Turismo. Sin embargo, la industria turística se iniciaría realmente, como en el resto de Canarias, en la década de los 60. Hoy es el motor económico de Tenerife.
Políticamente, tras el paréntesis que supuso en todo el país la Guerra Civil y la situación derivada de ella, Tenerife logró colocarse en un primer plano con la constitución en Las Cañadas del Teide en 1978 de la Junta de Canarias. Asimismo, después de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Canarias, Santa Cruz de Tenerife se convierte en sede de la Cámara Legislativa regional y comparte capitalidad con Las Palmas de Gran Canaria


1 comentario:

Lucia dijo...

hola samuel, las fotos estan guapisimas, un saludo

por cierto pasate por mi blog